MURMURO
El camino de todas las cosas grandes pasa por el silencio
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra
PASIONAL
de Ser Jiménez
Cuando decimos páramo, no nos referimos solamente a un paisaje. Hablamos de un órgano, un territorio que respira, almacena, regula y sostiene. Un sistema vivo que, en las alturas de los Andes, ha aprendido a existir entre extremos: bajo un sol que arde con intensidad durante el día y un frío que se instala en la noche; entre la humedad, la niebla, el viento y una radiación que transforma cada instante en una prueba de resistencia.
En este territorio aparentemente silencioso, nada calla del todo: el páramo murmura. No es quietud. Es adaptación. El frailejón lo sabe mejor que nadie. Su crecimiento lento, su capacidad de capturar y conservar el agua, su resistencia ante condiciones adversas, revelan una inteligencia de la naturaleza que no necesita velocidad para persistir.
Las obras de esta exposición nacen de esa contemplación. A través del grafito, el gesso y el humo, el paisaje es llevado a una atmósfera donde el blanco, el negro y las escalas de gris construyen una geografía suspendida entre presencia y desaparición. La materia se vuelve niebla; el humo, memoria; el grafito, huella; el clamor del silencio. El paisaje deja de ser únicamente aquello que vemos para convertirse en aquello que permanece en nosotros.
Aquí el páramo no aparece como una postal. Aparece como experiencia: inmenso, vulnerable, misterioso y poderoso — un paisaje murmurándonos.
En otras obras, el color y la geometría introducen una nueva lectura. La naturaleza comienza a revelar una arquitectura que siempre estuvo allí: estructuras, ritmos, repeticiones y relaciones que organizan el territorio. Lo orgánico y lo geométrico dejan de ser opuestos. La geometría se convierte en otra forma de mirar la vida; una manera de reconocer que incluso aquello que parece indeterminado posee un orden, una trama, una estructura invisible que también murmura su propia lógica.
Así, estas pinturas transitan entre la representación y la abstracción, entre lo atmosférico y lo estructural, entre aquello que el ojo reconoce y aquello que apenas alcanza a intuir. Mientras lo contemplamos, quizá comprendamos que protegerlo no significa únicamente conservar un lugar lejano, sino cuidar una parte esencial de aquello que nos permite existir. No hay verdades absolutas ni estridencias, solo pequeñas vibraciones de la realidad que merecen ser escuchadas con atención.
Ángela Guzmán
Agenda Cultural Jardín Botánico de Bogotá
En el silencio del páramo, la materia guarda una voz contenida.
Un papel arrugado en el taller. Una superficie de madera rota a propósito.
Un fragmento recuperado de la deriva. Un color oscurecido por la huella del humo. Una delgada línea de oro que interrumpe la penumbra.
Sin embargo, a lo largo de mi proceso creativo he comprendido que el silencio de la materia no es ausencia de voz: es una pulsión todavía contenida.
Habito mi arte desde el fitotropismo: esa acción y estímulo profundo que recibo de las plantas. No es solo una mirada hacia la naturaleza, es la forma en que el universo vegetal orienta mi pensamiento, mi cuerpo y mi sensibilidad. Mi obra no pretende hacer una simple representación idílica de la flora; es una respuesta viva a su capacidad de adaptación, a la plasticidad de sus raíces y a la terquedad con la que un frailejón siga creciendo incluso después de haber sido rozado por el fuego o la fractura.
MURMURO se instala justamente en ese espacio contradictorio y tenso entre el susurro sutil y la presencia que exige ser oída. Un murmurante clamor.
El murmullo es aquello que apenas se escucha, el aliento bajo de la tierra. El clamor es la fuerza colectiva que no puede ser ignorada. Entre ambos extremos se teje una tensión: una voz que comienza baja, casi imperceptible, y que poco a poco adquiere cuerpo y materia.
En estas obras, es el humo el que construye los oscuros. El humo no se limita a pintar o ensombrecer: el humo deposita, borra, vela, quema suavemente y deja una cicatriz física. Los elementos que recupero incorporan al lienzo el peso de una memoria previa. El papel arrugado conserva el gesto de haber sido alterado por mis manos. Las rupturas deliberadas en la madera introducen una violencia controlada, una interrupción brusca que se vuelve parte de la composición. Y el dorado aparece de manera puntual, casi clandestina, como una luz pertinaz que se niega a desaparecer en la sombra.
La naturaleza en mi trabajo tampoco aparece intacta, Las formas vegetales sobreviven entre manchas, hollín, restos y heridas. Son imágenes de pura persistencia: la certeza de que algo continúa latiendo aun cuando el entorno parece haber sido devastado.
Por eso mis obras no buscan resolver sus propias contradicciones. Las sostienen y las mantienen abiertas al espectador.
Lo resistente, aún así, es frágil. Lo oscuro contiene a la luz.
De lo roto puede surgir la belleza. Murmuro puede convertirse en clamor.
Al final, quien murmura en estas salas soy yo. MURMURO es una invitación personal a acercarte, a pausar el ruido exterior y mirar lo que habla en voz baja.
A escuchar con atención todo aquello que la materia dice cuando parece haber perdido la voz.
Afectuosamente,
Ser Jiménez
Ser Jiménez es especialista en Lenguajes Artísticos Combinados de la UNA, artista plástico graduado de la Universidad Nacional de Colombia y fue doctorando en Arte en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Él cree en el arte como un creador de conciencia y recolector de conocimiento, revelando lo que está más allá de lo humano y estimulando fundamentos esenciales. Esta visión poética inspira su contemplación de las plantas como seres ejemplares, a lo que llama FITOTROPISMO. Su obra ha sido expuesta en India, Italia, Turquía, Croacia, Estados Unidos, México, Chile, Colombia y Argentina. En la Bienal de Arte Contemporáneo de Florencia, recibió una mención especial del jurado por su proyecto.
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